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el espejo de los directivos

Alejandro Royo Zaragozano. AragonDigital.es Las noticias de Aragón

Las situaciones de cambio, ya sean positivas o negativas, de crisis o de conflicto o simplemente la vorágine diaria de la actividad de las empresas puede llegar a saturar, incluso a bloquear, a los responsables de tomar decisiones. Para ayudarles ha surgido desde hace unos años un nuevo profesional: el coach.

Imagine por un momento que usted es el máximo responsable de su empresa. Las decisiones que toma, ya sea para determinar un incremento salarial del 5% como para despedir a la mitad de su plantilla, no se cuestionan y se ejecutan al instante. Usted es el líder de su empresa, de ello no hay duda, pero… ¿Es correcta esa manera de afrontar ese liderazgo?

Con toda seguridad, no. La vorágine de la actividad empresarial lleva muchas veces a los responsables de tomar estas decisiones a hacerlo de manera impulsiva, visceral o sin evaluar de manera correcta las consecuencias que puedan tener.

En los últimos años se ha detectado dentro de las empresas un cierto síndrome: la soledad del directivo. “La soledad no puede ser evitada por mucho equipo del que uno disponga. En cualquier caso, acudir a expertos, contrastar puntos de vista, reflexionar en compañía de otros, no sólo es conveniente, sino necesario e incluso imprescindible. Al final, con todo, cada uno ha de mirarse a sí mismo, y seleccionar la opción que considera acertada. Quien no es capaz de gestionar esa última soledad en la decisión de un puesto directivo, estará sometido a una presión añadida, y mostrará sus limitaciones como gobernante”. Así lo afirman los autores del libro “La soledad del directivo”, Javier Fernández Aguado y José Aguilar.

Para dar solución a esta soledad y ofrecer a los altos directivos un espejo en el que poder mirarse y analizarse, Fernández Aguado y Aguilar establecen en el ‘coaching’ una de estas herramientas. “Acudir a alguien con perspectiva de miras proporciona objetividad y resta apasionamiento a los juicios”, aseguran.

A juicio de los dos autores la alternativa del coaching más que una “posibilidad” es una imperiosa “necesidad” si uno aspira a ocupar puestos de gobierno. “El hombre no nace completo. Parte de su ser ya está hecho, pero un amplio margen queda por delante para realizarse. Se es y se hace. En este último punto, el coaching tiene mucho que decir, ya que destapa inseguridades, las objetivas, y les intenta dar una solución a través de directrices interesantes que permitan desplegar la potencialidad de cada persona”, aseguran los autores de “La soledad del directivo”.

Winfried Schindler es el presidente de Aecop Aragón

El coaching en Aragón

Aragón cuenta, desde el pasado mes de febrero con la presencia de Aecop, Asociación Española de Coaching y Consultoría de Procesos.

El presidente de Aecop Aragón, Winni Schindler, explica que el coaching es una herramienta de asesoramiento que busca “liberar el talento” de la persona que está afrontando el proceso (coachee) para que, a través de preguntas más o menos incisivas, pueda reflexionar y buscar las respuestas oportunas. “En ningún momento se trata de aleccionar a nadie”, asevera Schindler.

Un proceso de coaching estándar se extiende a lo largo de ocho sesiones de noventa minutos de duración con una frecuencia de unas tres semanas. No obstante, la flexibilidad es una de las bases de estos procesos ya que las sesiones se pueden modificar en función de las agendas de los coachees.

Tal y como explica Schindler, los beneficios de los procesos de coaching son “increíbles. Es maravilloso oír que personas que han pasado por este proceso afirman cómo les ha cambiado la vida o la forma de pensar”.

Ejemplos de ello son David Martínez de Baños y Víctor Lalanza. Ambos son directivos de dos empresas aragonesas y han pasado por un proceso de coaching ante una situación crítica en sus compañías.

David Martínez de Baños está al frente de una cooperativa de ferretería y droguería. Explica que tanto él como su equipo directivo participaron en el proceso de coaching en un momento de grandes cambios en su compañía: “Nos habíamos cambiado de almacén y se afrontaban cambios en el equipo directivo. Además había comenzado la crisis y habíamos aprobado un plan de negocio que contemplaba varias fusiones”.

Martínez de Baños reconoce que este proceso le ha servido para pararse a pensar, lo cual ha repercutido en una mejora de las relaciones interpersonales. “Muchas veces en una empresa convives con personas, pero estás tan concentrado en el objetivo o en el resultado que ni siquiera conoces a tus compañeros”.

A juicio de este directivo, el coaching ha vuelto a recuperar valores que los ejecutivos agresivos, que tuvieron su época, habían enterrado. “Suena a tópico –afirma Martínez de Baños- pero lo que importa es la persona. Ahora prima el ejecutivo con corazón”.

Aecop Aragón tiene como objetivo garantizar la difusión y buena praxis del coaching ejecutivo

Según afirma Winni Schindler, la de David Martínez es una situación normal: “Las organizaciones o los directivos buscan ayuda cuando se sienten amenazados”, pero hay otras muchas situaciones en las que se puede comenzar un proceso de coaching: “promoción profesional, integración de nuevos equipos, mejora de ventas…”.

La causa por la que el gerente de Irmscher y recién incorporado a la Junta Directiva de Aecop Aragón, Víctor Lalanza, se involucró en este proceso es bien distinta. Su caso se aproxima más a la “soledad del directivo” antes mencionada: “Llegué a un momento en el que necesitaba que alguien escuchara problemas que no puedes explicar a tu entorno ni familiar ni profesional porque requieren soluciones profundas”, explica.

A Lalanza, que reconoce haber afrontado el proceso con “ilusión” desde el principio, el coaching le ha servido para poder discernir en qué procesos de la vida de su empresa debe involucrarse y cuáles debe observar como mero espectador. Pero no sólo eso, al gerente de la firma automovilística ubicada entre Figueruelas y Pedrola, llevar a cabo este proceso de coaching le ha enseñado a “pensar de una manera más ordenada y fuera del ruido de la cotidianeidad de una empresa”.

Una buena formación del coach, la creencia del coachee en el proceso que va a llevar a cabo y, por supuesto, la firme voluntad de cambiar son los tres pilares fundamentales de una herramienta, el coaching, que ayuda al directivo no sólo a pensar, sino también a pensar de una manera más organizada y “a tomar las decisiones finales con argumentos más limpios y coherentes”.

El coach

Dialogar con una persona sobre los problemas, miedos o preocupaciones de cada uno requiere que el receptor, en este caso el coach, tenga un perfil muy determinado. Un perfil que se aleja del de un psicólogo o un psicoterapeuta aunque en algunos casos manejen herramientas comunes. Este aspecto es algo en el que desde las asociaciones profesionales como Aecop hacen hincapié. “Un psicólogo o un psicoterapeuta se encarga de los problemas de la persona como depresiones mientras que la labor de un coach es potenciar las posibilidades de la persona”, incide el presidente de Aecop Aragón.

El psicólogo o el psicoterapeuta están formados para tratar enfermedades mentales o del comportamiento. Sin embargo, el coach enfoca su labor hacia la liberación del talento interno de cada persona de cara a que ésta pueda hallar la solución a sus problemas.

Una pizca de entrenador deportivo, con el aderezo de un psicólogo, y un toque, podríamos decir “sacerdotal”, son los complementos de una receta cuyos ingredientes principales son el conocimiento de las organizaciones y la capacidad de empatía, escucha y motivación para la reflexión. Una mezcla de Pep Guardiola con tintes de Freud y las habilidades empresariales, pongamos por caso, de Bill Gates. ¿Un ser superior? No. Simplemente un coach dispuesto a ayudarle a liberar su talento y facilitar su toma de decisiones.

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